}

Poker físico vs Poker online

           

Desde su aparición en el mundo cibernético, la práctica del poker no ha dejado de crecer. Sin embargo este meteórico desarrollo no ha hecho mella en los detractores de dicha actividad; quienes no aceptan como válido el ejercicio de este hermoso juego de manera virtual. Sus argumentos están vinculados a las evidentes diferencias fácticas en relación al juego en una mesa real. Y si bien gran parte de la comunidad entiende a ambas maneras de jugar como una misma cosa, los puristas siguen sosteniendo que jugar poker online es jugar un juego que mantiene las reglas del poker, pero no lo es.

Existen varios aspectos del juego que la web ha trastocado de manera evidente. En algunos casos estas alteraciones se sostienen sólo dentro del juego online; pero otras características fueron claramente transferidas del monitor al paño de manera irreversible. Como sea, aquí no sólo daremos cuenta de aquellos factores alterados, sino que intentaremos aproximarnos a la comprensión del fenómeno.

Lo pides, lo tienes

Antes del advenimiento de la web en la vida cotidiana, jugar poker implicaba organizar tiempos, acicalarse de modo adecuado, contar con un dinero mínimo determinado y trasladarse, en algunos casos a cientos de kilómetros. Queda claro que mucha gente sigue este ritual con absoluto placer; pero no es menos cierto que aquello pasó de ser una necesidad a ser una posibilidad. Basta hoy sólo con un clic en el ratón para pulverizar estas dificultades. Y esta inmediatez no es un detalle menor a la hora de evaluar sus consecuencias: una innumerable cantidad de personas juegan poker hoy gracias a internet, haciendo una experiencia que le hubiera llevado años obtenerla en la mesa de un casino.

Pero…¿es lo mismo?

Los más reticentes a aceptar la práctica del poker en la web apuntan todo su arsenal misilístico a un factor que se encuentra ausente en el juego online: el contacto visual entre adversarios. Este obstáculo aún no flanqueado por la virtualidad tiene nítidas consecuencias a la hora de intervenir en una partida; ya que el análisis del rival se reduce sensiblemente, quedando un campo de evaluación estrictamente ligado a criterios de juego y regularidades. Pero no es menos cierto que el circuito profesional del poker se encuentra minado de ejemplos contundentes de que el talento desperdigado en la web se puede trasladar al verde paño; siendo los dos últimos campeones del mundo, Peter Eastgate en la temporada 2008 y Joe Cada en la 2009, los máximos exponentes de este fenómeno. Del mismo modo sucede a la inversa: jugadores de la vieja escuela han encontrado en el mundo virtual no sólo un espacio para la práctica sino también una manera de generar más ganancias económicas. Queda en evidencia que la diferencia existe, pero no ha sido razón suficiente como para ser considerada una barrera impermeable, sino muy por el contrario.

Considerandos a la hora de “mudarse”

Habiendo dejado en claro que a pesar de las distancias que separan a una modalidad de la otra seguimos hablando de poker, restaría marcar diferencias específicas de cada modo de jugar; esencialmente a modo de advertencia para que, quienes tienen experiencia sólo en uno de estos universos, se adapten sin mayores traumas al visitar el otro.

Es poco común en las mesas de casino encontrarse a tres o cuatro jugadores disputándose una mano a la espera del River; a esta altura lo usual sería encontrar a un par; de hecho lo más común es que sólo dos se sostengan en el Pre-flop. En el poker virtual, en cambio, son muchas las manos en las que hay multitud de jugadores aún con la quinta comunitaria destapada. En una mesa real rara vez se realiza un all-in sólo con las cartas de la mano, en tanto que es moneda corriente ver a varios jugadores apostándolo todo ya en la primera ronda de un torneo; inclusive con proyectos de jugadas nítidamente perdedoras. La velocidad de resolución de una acción en la mesa de un casino es evidentemente más lenta en relación a su par virtual, en parte por la idiosincrasia propia de los jugadores de la web y por otra por una inducción a esta conducta por parte de los sites de juego, que comprenden que en general sus visitantes no están dispuestos a esperas extensas.

Podemos concluir entonces con esta afirmación: en las mesas de poker real, el jugador presenta una actitud marcadamente más conservadora que en una partida de poker virtual, aún tratándose del mismo jugador en cuestión. Y esta actitud abarca todos los aspectos del juego: tanto en la toma de riesgos como en el análisis matemático de la jugada; en mesas de dinero o de torneo indistintamente. Sin embargo la brecha que separa a un accionar de otro se ha reducido de forma evidente: cada vez se juega más agresivamente sobre el paño de la mesa.